La inteligencia emocional ha ido adquiriendo durante la última década
un peso relevante en la educación de nuestros jóvenes desarrollándose cursos y
talleres sobre comunicación, habilidades sociales, gestión de emociones. Lo que ha dado a su paso que se indague sobre
la importancia de la resiliencia y a la educación positiva.
Pero ¿Qué es la inteligencia emocional?
es “La habilidad para percibir, valorar y
expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y generar
sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones
y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo
un crecimiento emocional e intelectual” (Mayer y Salovey, 1990)
El trabajo de las emociones desde
nuestros centros educativos y aulas suponen una inversión esencial para una
mejora en los resultados educativos de nuestros alumnos, no solo en el ámbito
educativo e intelectual si no también en el desarrollo pleno e integro como
personas que forman parte de un entorno social efectuando una acción preventiva
sobre posibles trastornos emocionales o conductuales. En cualquier caso el aprender a identificar y controlar
nuestras emociones es un paso previo para lograr una buena Inteligencia
Emocional.
Una de
las formas con las que podemos trabajar las emociones es mediante la “caja de
emociones”. Esta nos servirá para iniciarnos en el aprendizaje de las emociones
y familiarizarnos con las mismas al mismo tiempo que vamos aprendiendo a
expresar nuestras emociones. El objetivo es conseguir una mayor Inteligencia
emocional y enseñar nuevas formas de afrontamiento de conflictos y canalización
adecuada de los sentimientos que la acompañan
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